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No estamos solos ¡la microbiota!

Ahora me vienen a la memoria los consejos de mi madre desde mi infancia para que evitara lavarme la cara con jabón porque, según decía ella, me estropeaba el cutis ya que arrastraba las “sustancias protectoras naturales” que tenía nuestra cara. A mí me quedó grabado aquello y, desde entonces, cumplí este precepto casi a rajatabla y... quién sabe si gracias a ello ahora tengo alguna arruga menos. Esta postura tenía su mérito en un tiempo en el que se consideraba que cualquier germen era enemigo del organismo y había que eliminarlo porque era potencialmente patógeno y lo lógico era aniquilarlo con antibióticos cuyo descubrimiento por el del Dr. Fleming fue uno de los grandes hitos de la humanidad.

Ahora las cosas han cambiado, como se ha demostrado hace pocos años con las técnicas de secuenciación masiva del ADN microbiano (técnicas NGS). Y ahora sabemos que no, ¡que no estamos solos! porque son muchas las bacterias que colonizan nuestro organismo, son tantas como células tenemos. Es decir, que el cincuenta por ciento de las células de nuestro cuerpo son microbios, una bacteria por cada célula aproximadamente, lo que supone que entre el 1 el 3 por ciento de nuestro peso son bacterias, es decir, que vamos cargados con uno o dos kilos de más de bacterias sin apenas darnos cuenta.

Desde hace muchos años se sabe que los animales y los humanos éramos portadores de microorganismos que hasta hace muy poco eran tratados con gran indiferencia y en realidad se consideraba que lo importante para la salud era que no existieran, porque suponían una amenaza produciendo infecciones cuando bajan las defensas.

La microbiota es el conjunto de microorganismos vivos (bacterias, virus, hongos y otros) que residen en nuestro organismo de forma simbiótica. Estos ecosistemas microbianos se encuentran en el tracto gastrointestinal, genitourinario y reproductor, respiratorio, cavidad oral y nasofaríngea y piel.

Hasta principios de este siglo habíamos aceptado como dogma que los bebés nacían estériles y que algunos órganos, como el útero, también eran estériles. Sin embargo, utilizando técnicas moleculares de secuenciación masiva se sabe que cuando el feto está intraútero, ya tiene microbios que proceden lógicamente de la madre. La cavidad uterina era considerada clásicamente como un lugar estéril, pero este dogma también ha caído en los últimos años y ahora vamos sabiendo más sobre la importancia de la microbiota endometrial para la implantación embrionaria que, por cierto, es distinta de la microbiota vaginal que está más estudiada por su fácil accesibilidad. Los estudios de la microbiota endometrial demuestran que cuando está compuesta por más del 90 % de lactobacillus la implantación uterina está claramente favorecida. Por ello nosotros aconsejamos su estudio sistemático en pacientes con fallos implantatorios y la tendencia es ampliar el estudio a más casos y hacer tratamientos personalizados. La microbiota cambia con la edad y también se ve influenciada por la dieta, el clima, la zona geográfica, tratamientos con antibióticos, interacción con otros individuos etc. Y sabemos que la secuencia de genes de la microbiota de un individuo es fija y única, es como una especie de “huella dactilar microbiana” igual que ocurre con la secuenciación del genoma del individuo.

¿Cómo actúa la Microbiota en nuestro organismo? Lo más evidente es el papel nutricional de los microbios intestinales. La llamada flora intestinal es fundamental para el metabolismo de múltiples sustancias.

También, cada vez es más conocido el papel defensivo de ciertos microorganismos como lactobacilos para colonizar un órgano ocupando el espacio para que no proliferen organismos patógenos.

La microbiota también actúa modulando el sistema inmune, que es propio y diferente en cada persona.

La microbiota tiene un papel crucial en el desarrollo neuronal y funciones cognitivas, mediante una compleja comunicación entre los productos de la microbiota intestinal y el sistema nervioso central a través de lo que se ha denominado el “eje cerebro-intestinal” de forma que neurotransmisores producidos en el intestino por bacterias, como Gaba, noradrenalina, acetilcolina, etc. podrían viajar a través del nervio vago. Cada vez es más conocido que las modificaciones de la microbiota influyen en la aparición y desarrollo de enfermedades, como diarrea por Clostridium Difficile, cáncer de colon, enfermedades metabólicas y neurológicas, salud bucodental, y alteraciones del aparato genitourinario y reproductor.

¿Cómo manipular la microbiota para mejorar la salud? Hay dos tipos de estrategias: unas modulan la microbiota ya existente y otras van encaminadas a añadir nuevos gérmenes para que colonicen el organismo. Dentro de las primeras estrategias tenemos: la dieta personalizada; evitar el uso indiscriminado de antibióticos y la utilización de prebióticos.

Los cambios en la dieta modifican la microbiota de forma temporal, pero se podrían mantener cambios de dieta personalizados prolongados para conseguir cambios permanentes si se adopta un régimen de vida saludable.

Evitar el uso indiscriminado de antibióticos que alteran la microbiota y sólo utilizarlos en casos claramente necesarios evitando resistencias. Y por último los PREBIÓTICOS, que son nutrientes no digeribles por el sistema digestivo humano pero que estimulan y favorecen el crecimiento y la actividad de las bacterias intestinales. Las otras estrategias consisten en añadir nuevos microorganismos a nuestro cuerpo como los PROBIÓTICOS. Son suplementos alimenticios que contienen cepas de bacterias y levaduras vivas con la idea de que colonicen el órgano afectado, no dejando espacio para los gérmenes patógenos e incluso anulando a los patógenos portando moléculas bioactivas nocivas para ellos.

Otros son los SIMBIÓTICOS, que son suplementos alimenticios que contienen una combinación de un microorganismo (probiótico) junto con un carbohidrato (prebiótico) que beneficia el crecimiento de la microbiota.

Y por último, otra estrategia mas novedosa es el TRASPLANTE DE MICROBIOTA FECAL, que intenta sustituir la microbiota intestinal de un enfermo por la de donantes sanos con cultivos sanos, o incluso el autotrasplante.

Sin embargo, restaurar la microbiota en caso de alguna enfermedad es mucho más complicado de lo que podríamos imaginar ya que en la MICROBIOTA se producen millones de interacciones entre las bacterias y las células del organismo. Por el momento, el único tratamiento que parece realmente eficaz es el trasplante fecal para el tratamiento de la infección recurrente por Clostridium difficile de las que se están beneficiando algunos neonatos en los que los tratamientos hasta ahora eran poco eficaces.

También el tratamiento de mujeres estériles con microbiota endometrial alterada está empezando a dar sus frutos en casos de fallos implantatorios. ■

 

Dr. Pedro E. de la Fuente Ciruelas

Ginecólogo.

Publicado en Revista del Colegio Oficial de Médicos de Asturias. Julio 2021